Fantástica y más que solvente fue la presentación ayer en nuestro país del nuevo y reciente efectivo de la cuadra, “Dragon Force”. Un guapo potro de capa alazana, llamativo careto alargado, fortachón físico, noble mirada, y cabeza amueblada. Una bocanada de aire fresco a 32 grados después de una primavera en la que no habíamos encontrado opción alguna para pasar por ganadores en las diez salidas a pista hasta la fecha. Una victoria incontestable a las manos como cabía predecir durante la semana, aún con la siempre prudencia que exige el guion en una carrera de caballos.
Primera victoria de 2026 que abre el tarro de las esencias y que suma la número 57 en nuestro historial de competición. Ya se echaba de menos pasar por ganadores y vivir ese momento especial que cualquier propietario busca en recibir un trofeo al esfuerzo y perseverancia en estos tiempos donde una victoria se hace mucho más difícil cada año. Victoria sencilla, pero no precisamente meritoria por todo lo que ha rodeado su puesta en marcha y presentación en nuestra sociedad. Los yearlings por los que apostamos el pasado año para esta primavera a dos años se fueron diluyendo sin posibilidad de poder saborear el esperado debut. La primavera se nos iba a hacer demasiado larga con algunos clásicos todavía en moldes por hacer, y unos viejos cuya salud comenzaba también a hacer mella. Con un panorama complicado, decidimos salir al mercado francés en busca de ese revulsivo que hiciera cambiar rumbo y, mi heredero del turf – el Godolphino Adrián – desde la distancia nos puso en sobre aviso de un potro que debutaba en reclamar a finales de abril con muy buena familia, y con una buena información de primera mano sobre su estado de salud. Dicho y hecho, aquel “Dragon Force” pasó por ganadores en su debut en la Teste, la papeleta echada en buzón surtió el efecto deseado para ponerle el sello “AgradoRacing”. Aoenas un mes después presentábamos en sociedad a aquella apuesta personal de ese loco heredero del turf y ganaba por nueve cuerpos. Poco mérito en este caso del gran Monsieur Delcher, que solo tuvo que mantener trabajos durante este mes en el patio y constatar que el reclamado poseía valor, poco mérito también del bueno de Janacek, que solo tuvo que llevarlo hasta la meta a las manos sin demasiada complejidad, y poco mérito también en nuestro caso que solo tuvimos que extender un cheque que compraba el pase por ganadores en el día de ayer, y que abría ese tarro de las esencias este año.
En definitiva, una victoria que no ganará precisamente la medalla al mérito del trabajo, pero que nos sirve como punto de inflexión para confiar que el ciclo cambie de rumbo. Y es que algunas veces, si la gallina del corral no pone los huevos suficientes para hacer la tortilla, no te queda otra que ir a comprarlos a la tienda. Bien seguro es que no sabrá igual, pero seguirá siendo tortilla.
Con dos victorias en sus dos salidas, poco programa le queda al veloz “Dragon Force” en esta primavera mas que ese Martorell a final de temporada donde ahí sí, podremos contrastar su valor en un lote de mayor nivel. A priori, lo demostrado hasta la fecha parece ser de altos vuelos y es que este «Dragón» parece echar fuego por la boca en vuelo rasante. Los 58 segundos de su debut en 1.000 metros, y un rápido tiempo ayer a las manos de 1:06:85 en 1.100 metros – que es el mismo crono que los buenos «flyers» de tres años en la segunda carrera a igualdad de peso – nos ofrecen con solo dos carreras una magnífica valoración para poder calificarlo como uno de los futuros sprinters de nuestra competición.
