Muy de vez en cuando, casi de manera insólita en nuestra modesta cuadra familiar, los astros se alinean para ver brillar a uno de esos caballos que, carrera tras carrera, busca con insistencia su mejor posicionamiento en el cielo. No son sucesos únicos en la vida, pero ofrecen una oportunidad poco común para levantar la mirada y apreciar toda la belleza y extrema felicidad que genera esa linea eclíptica cuando la alineación es milimétrica.
Podríamos decir que la estrella “Kowalsky” se alinea aproximadamente cada dos años con los demás astros del turf, y que su brillante luz se deja ver durante apenas dos minutos, siempre en la órbita de un Gran Premio.
Podríamos achacar la gran victoria ayer de “Kowalsky” en el primer Gran Premio de la temporada a esta extraña alineación bianual intergaláctica, pero siendo más terrenales, no sería descabellado pensar que, este su segundo Gran Premio, tiene trazas de apoyarse más en una empecinada perseverancia, una excelsa calidad, un enorme trabajo de equipo y, sobre todo, en un merecimiento irrebatible.
“Kowalsky” apareció en nuestro pequeño firmamento como una “estrella yearling” a la que dejamos crecer y moldeamos. No fue una de esas estrellas milenarias que se escogen en el firmamento y se apagan pronto. A sus dos años comenzó a lucir con luz propia con su primera victoria. A los tres años siguió creciendo, repitiendo victoria y, tras un tercer puesto en la Poule, eclosionó ganando todo un Derby que le convirtió ya en estrella adulta. Siguió creciendo, pero su elipse a cuatro años se situaba alejada del sol y, aunque lo intentó una y otra vez de manera testaruda, con un enorme tercero en el Memorial y un casi insuperable segundo en el Román Martin a corta cabeza del gran “Naranco”, no pudimos ver más que su tenue luz brillando en una inmensa galaxia. No fue fácil esperar tan largo espacio de tiempo entre nebulosas, pero fuimos pacientes siguiendo el recorrido de esa elipse que le trajera de vuelta.
Esos casi dos años de ciclo hacían presagiar que la alineación de los astros podría volver a darse en el Gran Premio Duque de Alburquerque 2025. Un Gran Premio de esos especiales en nuestro calendario que teníamos en negrita en esta primavera. No le importó al gran “Kowalsky” que el bombo dictaminará salir por un horrendo cajón 13, y el bueno de Alejandro hizo su primer buen trabajo en esos primeros 300 metros hasta la primera curva donde lo acomodó sin demasiado esfuerzo para trazar la curva por calle 3. Recta de enfrente de pura transición, con caballo en mano engullendo metros hasta trazar la última curva ya bien situado, y amanecer en la recta definitiva con halo ganador. Esta vez “Kowalsky” venía cargado de mucha más “stamina”, y un valiente Alejandro decidió hacerla efectiva con enérgica monta, para despegarse del lote en el poste de los 300 y llegar al poste de meta, para que en la instantánea del espejo solo la protagonizara él en todo su esplendor.
Hoy “Kowalsky” ya tiene doble entorchado de Gran Premio, pero detrás de ello hay un impagable trabajo por parte de mucha gente a la que quiero agradecer de manera personal. Este Gran Premio comenzó a labrase en su descanso invernal del pasado diciembre. Vaya por delante nuestro primer agradecimiento a todo el personal de nuestra yeguada que le mimó y cuidó a diario durante sus 40 días de estancia. Charlie, Noel, Breiner y María, capitaneados por mi heredero del turf Adrián, que fue el artífice de su compra hace tres años, pusieron los primeros cimientos de la temporada para retornar a entrenamiento a mediados de enero a un “Kowalsky” limpio de ese virus que provoca la intensa competición continuada. Así lo estamos viendo con todos y cada uno de los inquilinos que tuvimos el privilegio de tener en descanso este pasado invierno. «El Sokhna», «Sommersun», «Spirituale», Heliopolis», «Queen´s Request», «Sir Edward», junto con «Kowalsky» han sido los primeros en ponerse en marcha con excelentes resultados, a los que sumaremos el resto de los inquilinos que, en breve, retornarán a competición de forma paulatina.
Posterior a su marcha de la yeguada, y ya a las órdenes de Christian Delcher, el fantástico equipo profesional mantuvo el mismo mimo y cuidado a la vez que le iba transformando en músculo esos kilos de más que adquirió en la yeguada. No le importó al bueno de Christian no figurar en su primera de hace apenas un mes que se tomó como obligada y necesaria preparatoria para ir amasando el pastel. Sus trabajos matutinos con otro enorme caballo como “El Sokhna”, que incluimos en plantilla en febrero, ayudaron enormemente a perfilar y acelerar su forma, hasta el punto de que sorprendió en el mismo patio la rápida evolución. Es ahora cuando toca resaltar el agradecimiento a todas esos profesionales que hacen un grupo de trabajo de Gran Premio capitaneados por el incombustible Christian Delcher acompañado siempre de su mujer María, y arropados ambos por un selecto grupo de fieles profesionales como José Luis Borrego, Covadonga Boville, Felipe, Carmelo y Lili, a la que enviamos un beso fuerte y una pronta recuperación después del infortunio sufrido ayer.
Ponemos fin a los agradecimientos en la persona de otro enorme profesional como es Alejandro Gutiérrez Val. Todo un lujo entre los lujos tenerle de nuestro lado en el día que se alineaban los astros. Dicen los que lucen canas que los jockeys en una carrera te aportan un 10%, pero te pueden restar un 30%, y en el caso de Alejandro, ese 10% ayer, se quedó corto. Valentía, confianza, profesionalidad y un padre enormemente orgulloso de su hijo fue la prueba más evidente que pude ver ayer de un jockey top.
“Kowalsky” nos dedicó ayer su segundo Gran Premio sobre su mejor distancia, sobre un terreno perfecto para él, con la mejor preparación, y con el mejor jockey. Podríamos decir que los astros se alinearon nuevamente en su elipse alrededor del sol, pero me gustaría pensar que esa estrella llamada “Kowalsky” seguirá brillando en el firmamento durante todo el año.
Muchas gracias equipo. Infinitas gracias Kowalsky !!





